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Según trasciende en redes sociales, el escenario de pandemia ha hecho a los lectores redescubrir el Ensayo Sobre la Ceguera, una de las obras cumbres de José Saramago.

Según trasciende en redes sociales, el escenario de pandemia ha hecho a los lectores redescubrir el Ensayo Sobre la Ceguera, una de las obras cumbres de José Saramago. | Foto: EFE

Publicado 16 noviembre 2020


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El ganador del Premio Nobel de Literatura (1998) trascendió también por su compromiso revolucionario.

La literatura comprometida con las ideas progresistas tuvo en José Saramago uno de sus más excelsos exponentes. Es por eso que, al cumplirse ese lunes el aniversario número 98 de su natalicio, se impone recordarlo en su entera dimensión literario-revolucionaria.

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Saramago nación en la parroquia de Azinhaga, a 120 kilómetros de la capital de Portugal, Lisboa. Hijo de padres campesinos muy pobres, no pudo concluir sus estudios formales pues debió vincularse a la búsqueda del sustento para su familia.

Sin embargo, su insistencia de superación lo llevó a adquirir una vasta cultura que, años después, reflejaría en su obra. Publicó su primer libro, Tiempo de Pecado, en 1947, y no sería hasta casi 20 años después (1966) que publicaría el segundo (Los Poemas Posibles). Luego de esto, continuaría indetenible por la senda de la inmortalidad literaria.

En 1969 abandonó todas sus ocupaciones profesionales previas y se dedicó por entero a la literatura. A partir de ese momento, fue publicando las obras que cimentarían su justo reconocimiento internacional, entre las que destacan Memorial del Convento, El Año de la Muerte de Ricardo Reis y La Balsa de Piedra.

Vendría después uno de sus mayores éxitos, El Evangelio según Jesucristo, obra que levantó un gran malestar no sólo entre la jerarquía católica sino también en el gobierno de su país. El escándalo fue uno de los motivos que llevaron a Saramago a instalarse en la isla de Lanzarote en 1991.

Saramago fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1998, estatus que continuó enriqueciendo después con títulos como El Viaje del Elefante (2008) y Caín (2009), nuevamente con revuelo entre la cúpula eclesiástica.

No obstante, si elevada fue su obra literaria, no lo fue menos su proyección social. Saramago mantuvo durante toda su vida una posición revolucionaria que lo hizo involucrarse con las causas progresistas de su país y el mundo.

Afiliado al Partido Comunista de Portugal desde 1969, participó de lleno en la Revolución de los Claveles que devolvió la democracia a su país, derrocando la dictadura salazarcista. A disposición de ese esfuerzo, puso su obra, en la que el conflicto social siempre tuvo un espacio.

La crítica del poder económico asoma en novelas como Todos los Nombres, Historia del Cerco de Lisboa y La Caverna. No obstante, alcanza su más alta expresión en Ensayo Sobre la Lucidez, según la crítica literaria.

Aún más, Saramago aprovechó su condición de figura pública mundial para hablar en favor de los desposeídos. A recoger su Premio Nobel fue a Estocolmo, Suecia, con un discurso en el que clamó por un nuevo orden mundial, que acabara con las desigualdades imperantes.

Allí, Saramago denunció que “usamos perversamente la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante...”.


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