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Bolivia: los “falsos positivos” del gobierno de facto
Publicado 22 junio 2020



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Con Colombia como ejemplo, los ministros Arturo Murillo y López, titulares de las carteras de Gobierno y Defensa del gobierno boliviano, respectivamente, se encuentran en plena fase de desarrollo de los “falsos positivos” con los que pretende aportar para postergar las elecciones de septiembre, presionar para que el MAS pierda su personería y justificar otra oleada de represión contra la oposición política y social en el país sudamericano. La activación de los “falsos positivos” irán, a pesar de que la presidente de facto se vio obligada a promulgar la ley de convocatoria luego de su encuentro con el presidente del Tribunal Supremo Electoral, Salvador Romero.

Pero los siniestros planes del gobierno de facto no se detendrán. Los “duros” dentro del gabinete quieren quedarse como sea. Ambos ministros no destacan precisamente por niveles de reflexión e inteligencia. Ambos son, como dice el dicho popular, monos con navaja. Son audaces, por supuesto, pero ya se nota que manejan con poco cuidado el método con el que el Ejército colombiano plantó los falsos positivos en la gestión del expresidente Álvaro Uribe, para legitimar la “cacería” –diría Murillo en Bolivia– de guerrilleros, para venderle a la opinión pública que se estaba derrotando a los “terroristas” y para justificar la violenta represión de los líderes sociales colombianos. El método consistía en detener a drogadictos o alcohólicos, colocarles traje de algún grupo guerrillero, ejecutarlos y presentarlos como abatidos en combate.

Volvamos al país andino que está en el centro de Suramérica. Lo que se hará es sembrar y provocar violencia –ambas cosas–, que sumada al incremento de los casos sospechosos y confirmados de coronavirus, producto de la irresponsabilidad con la que actuó desde un principio este gobierno, darán el pretexto para plantear la postergación de las elecciones que es lo que se quiere evitar de cualquier manera.
 
Hace unas semanas cayó una torre de una telefónica privada en la zona sur de la ciudad de Cochabamba. Murillo inmediatamente acusó al MAS de estar detrás de esos actos terroristas. Coincidencia o no, muchos días antes un radiograma fue enviado a todos los responsables de inteligencia del Ejército boliviano, para identificar la presencia de presuntos guerrilleros. Es decir, el hombre que piensa que todo se resuelve a base de la fuerza estaba o anoticiado de lo que iba a pasar o preparando la “siembra” del caso. Si es lo primero conduce a la pregunta de por qué no actuó antes del hecho.

El lunes 15 de junio se produjo la voladura de otras tres antenas ubicadas en Santa Cruz (Yapacaní, Ichilo y San Juan) y sin ninguna investigación el ministro de Defensa, Fernando López, sostuvo, en clara alusión al MAS, que “Las FFAA están entrenadas y en apronte para defender la democracia y la vida de los bolivianos. El terrorismo no es la forma de hacer campaña”. Todo indica que fueron pobladores de esos municipios los que las quemaron con el prejuicio de que esas antenas tienen tecnología 5G que difumina el coronavirus. 

Con más prejuicios que otra cosa o con acciones deliberadas poco serias, que llevan a pensar que se está ante el método del falso positivo, Murillo dirigió su mirada hacia fuera del país, hacia Buenos Aires, donde está refugiado el presidente Morales, al sostener sin ninguna responsabilidad de un hombre de Estado: "Que lo tengan claro los que revientan las antenas, los que les aplauden y los que se lo ordenan desde lejos. No vamos a permitir violencia ni el caos en nuestra patria".

Murillo aparece como un aprendiz con relación a los colombianos.  Y ahí es donde se diferencia del alto profesionalismo del Ejército colombiano que por lo general nunca ha presentado ese tipo de acusaciones sin darle algo de verosimilitud o sin mostrar las pruebas plantadas, como se llegaría a conocer años después a propósito de los “falsos positivos”. Culpar de todo al MAS, calificar de terrorista a cualquier ciudadano por solo protestar y pensar que el lenguaje del miedo es suficiente para gobernar es un arma de doble filo que generalmente corta a los que la usan.

Finalmente, lo que Murillo tendría que explicar es ¿por qué el MAS que marcha primero en la intención de voto estaría detrás de acciones de terrorismo? No es lógico verdad.


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