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Colombia: Se nos fue Roberto Romero, combatiente de lápiz y máquina de escribir
Publicado 2 julio 2020


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El mensaje esta mañana que Roberto Romero Ospina había muerto llegó como una sorpresa, aunque no debería ser sorprendente ese tipo de noticia en tiempos de virus. Y menos tomando en cuenta que Roberto había sufrido dos infartos antes que Miriam y yo llegáramos a Bogotá una noche a final del mes de abril 2017. Para ella fue la primera vez llegando a Colombia y para mí, la primera vez en once años de “pausa” por el maldito Uribe y su policía política del DAS-G3.

Pero ahí estaba Roberto y su amiga y compañera Marina, esperándonos en el aeropuerto de Eldorado, una noche como casi siempre oscura, fría y terriblemente lloviosa, esa Bogotá.

Pero la hospitalidad de Roberto fue la recompensa a la lluvia fría. Y donde Roberto nos quedamos un mes, obligándonos de ocupar su cuarto mientras él dormía en un colchón en el piso de su cuatro de estudio y trabajo. Un comunista y periodista comprometido toda la vida.

Lo conocí en el 1983 allá en la zona polvorosa industrial de Bogotá donde se encontraba la redacción de Voz Proletaria. Tenía cita con Manuel Cepeda para una entrevista para el diario del partido comunista sueco, NORRSKENSFLAMMAN, La Llama de Aurora Boreal. A Roberto le interesó la historia del segundo diario comunista más antiguo del mundo después de L´Humanité, del PC francés, nacido y creado por los mineros en el norte de Suecia.

Seguimos en contacto y volví a Colombia prácticamente año de por medio y los colegas y camaradas como Angarita, Pabloé, Acevedo y Roberto, fueron mis mentores políticos, bueno en el tercer piso estaba el camarada Manuel por lo cual todos tenían un respeto y admiración muy especial. Me sentía después pocos años como uno de ellos y compartía alegría pero también mucho dolor cuando llegaron las noticias de masacres de comunistas, militantes y dirigentes de la UP, interminable.

“Mira camarada, no es un papel, ¡son sábanas”! expresaba Roberto  con su usual vocabulario correcto pero durísimo de su contenido. “Esto, lo que los oligarcas llaman democracia es ¡puro FASCISMO”! agregó, describiendo la verdadera Colombia ilustrándolo a través de las sabanas de papel de la impresora, conteniendo miles de nombres de militantes de la UP asesinados y documentados en impreso.

Pasaron años y no supe mucho hasta que retomamos el contacto 2011. Había comenzado a trabajar en la federación sindical de los trabajadores petroleros, la combativa y clasista USO como encargado de prensa. En esa época había escrito un libro de casi 500 páginas sobre la historia de la Unión Patriótica e hice un artículo sobre esa obra tan importante para entender también lo que es Colombia de hoy.

Después comenzó a trabajar en El Centro Nacional de Memoria Histórica, y ¿quién era mejor para trabajar ahí si no Roberto, que era como un banco de data y de haber vivido en carne y hueso las secuelas del Terrorismo de Estado, el exterminio físico de la UP y del Partido Comunista Colombiano, más el movimiento sindical y las organizaciones populares de toda índole?

Cuando nos encontramos 2017 pasaba mal económicamente. Tuvo algunos trabajos temporales en el Ministerio de Trabajo. Pero no se quejaba, sabía la suerte de ser comunista, periodista comprometido que no es una perspectiva de vida estable. A pesar de eso, logró juntar los recursos, junto con Marina, para poder viajar a Rusia y vivir el 100 aniversario de la Revolución de Octubre, en ese gran país donde había estudiado el marxismo-leninismo en la Escuela de Lenin en la década de los 60´ o 70´, no me acuerdo exactamente los años.

Hay demasiadas cosas para recordar de un camarada como Roberto, y a pesar de la tristeza que invade a uno cuando se van un camarada, son los recuerdos de compañeros llenos de espíritu y de lucha y de ganas de vivir para poder seguir luchando hasta las últimas consecuencias, que son los elementos que sale ante los ojos. Y a Roberto lo recordaré así siempre, un verdadero representante de esos cuadros forjados en el Partido Comunista Colombiano que ante de las amenazas de un monstruo terrible que es el Terrorismo de Estado, preferían seguir peleando donde sea, en la ciudad, en el campo o en la montaña, y como sea.

Roberto es uno de esos miles de camaradas que se ha inscrito en la historia de la Colombia combativa.

Que reina la paz en su tumba.


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