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Transformar la sociedad desde un modo de producción comunalizado y autogestionado
Publicado 28 julio 2020 (Hace 16 horas 29 minutos)


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Referirse a una nueva forma de producir y reproducir la vida, fuera del acuario capitalista, requiere considerar  ciertos concepto, que en mi opinión, son  claves para ir reflexionando sobre una nueva mirada en la reproducción de la vida.

La responsabilidad de la clase popular, de enfrentar el modelo capitalista de mercado, con todas sus relaciones sociales, económica  y productivas, es quizás el desafío más grande que hayan enfrentado las actuales generaciones, que se dicen conscientes y depositarias, algunas, de la continuidad  “revolucionaria” y otros, en la búsqueda de un nuevo modo de producción, alejado del encuadre capitalista, extractivista y patriarcal, pero que requiere más que la simple toma del “Poder”, pues este debe llevar la idea de autogestión productiva, cuyo centro es producir comunitariamente y elaborar así una nueva forma de vivir, con relaciones, códigos, dispositivos, símbolos, signos, lenguajes y la autodefensa de este, y cuyo fin sería salir del encuadre del modelo  de mercado, y  así poder desarrollar un proceso, que permita llevar adelante la comunalización de la sociedad, desde otro lugar, que no sea los patrones del capitalismo, con su valor de cambio y la acumulación de capital.

Referirse a una nueva forma de producir y reproducir la vida, fuera del acuario capitalista, requiere considerar  ciertos concepto, que en mi opinión, son  claves para ir reflexionando sobre una nueva mirada en la reproducción de la vida, como son; el que hacer, el poder, la subsunción o subsumir,  el veto de un polo sobre otro etc.(en tanto producción capitalista, versus los distintos modos de producción de lo común, que hoy existen, de forma aún incipiente, en la diversidad de los territorios en zonas urbanas y rurales).

Reflexionar sobre esta búsqueda de transformar la sociedad, y generar conocimiento en torno al tema de la comunalización de esta, requiere concretizar, en el conjunto de los individuos de la comunidad, la elaboración de nuevos lenguajes, signos, símbolos, códigos y dispositivos, que sean fuertes y arraigados en la población comunitaria, que permitan, no tan solo establecer límites, sino que definitivamente se alejen de este juego que se genera dentro del acuario capitalista, que es el vaivén de acercarse y alejarse, pues como todos lo saben, el hecho de subsumir o subsunción del capitalismo, es lo que caracteriza su accionar ayer, hoy, y mañana.

Vetar el capitalismo, ya sea desde un nivel u otro, por parte de las distintas comunidades en proceso de producir lo comunitario, como forma de vivir, es quizás, el objetivo necesario, para destruir las relaciones de producción capitalistas, sin embargo, si no se construyen o elaboran los nuevos códigos, símbolos, lenguajes, signos y dispositivos, de manera individual y desde ahí,  hacia lo colectivo, lo común, estas comunidades serán asimiladas fácilmente por el acecho al que son permanentemente sometidas por parte del modo de producción capitalistas, que desde su dinámica materialista/dialéctica, muta para mantener su objetivo estratégico de mercantilizarlo todo…TODO. Es decir, individuos asimilados en su totalidad, entendido esto como un individuo biopsicosocioespiritual, que representa las distintas dimensiones de la especie humana, dentro del acuario capitalista. (encuadre, subsunción).

Transformación social en clave comunitaria debe, en mi opinión, ir de lo individual a lo colectivo, considerando el apoyo mutuo en la elaboración de una conciencia que permita dar a ese esfuerzo un “valor” de utilidad comunitario y colectivo, y que hace o hará el veto, a la relación de producción capitalista con su valor de cambio, precio y plusvalía.

Plantear que el capitalismo no es completamente totalizante, puede ser, sin embargo, eso no es ninguna garantía para la idea de comunalizar la sociedad, más aún cuando casi el total de la fuerza de trabajo se encuentra hoy en las ciudades, reconociendo que es en los sectores del campo donde se encuentran estos intentos de producir de manera comunitaria o de autogestión, como es el ejemplo de comunidades nativas. En las zonas urbanas hay intentos, pero en mi opinión son solo intentos de individuos con un cierto nivel de conciencia de Clase, la que aún no alcanza a ser PARA SÍ. Pienso que, en los incipientes entramados existentes de producción de vida en comunidad, aún existen y con mucha fuerza, expresiones de poder de un polo sobre otro, ya sea como individuo, en relación con otro, o de un colectivo sobre otro, ya sea esto por poco entendimiento, frenados por el conductismo represivo o porque definitivamente está asimilada la cristalización de normas, la ley como encuadre de existencia y de relaciones de producción.

Ahora bien, si en las comunidades la idea es alcanzar una soberanía social que sea ejercida de manera directa, construida en acuerdos colectivos, a mis ojos hoy, es solo voluntad, pues la “cristalización” está al interior de cada individuo, la que debe trabajar en la idea de ir reconociendo lo que se ha dicho tanto, ser realmente Clase para sí. La multiplicidad de incipientes entramados, con diversos objetivos de producir lo común, requiere un marco de significación propio, que aúne voluntades individuales y colectivas, que permitan, en mi opinión, concretizar el hacer. El hacer colectivo-comunitario, base de un nuevo modo de vida, de relaciones sociales y de producción. El hacer en lo colectivo implica reconocernos en lo individual sin delegar la capacidad de producir decisión. En este entramado comunitario, se debe desplegar la cuota proporcional de poder que cada uno posee, al colectivo y que se evidencian, en el trabajo comunitario, el trabajo común inminentemente concreto, distinto del trabajo abstracto (que solidifica las relaciones de poder capitalistas).

El proceso reproductivo comunitario es dinámico y busca reproducir en términos totalmente distintos a los que impone la otra dinámica, la del capital y sus ciclos interminables de acumulación. Hacer para lo común, desde la propia dinámica comunitaria, que tienda a rearticularse, desplegando procesos autorregularorios, que dispersan el poder como marcador de la vitalidad de la trama comunitaria, pero que muestra a su vez claramente lo diverso en las formas de echar a andar la vida comunitaria o comunalizada, pero que buscan producir lo común desde otro lugar, que permita recuperar a las especies de su sometimiento y ser verdaderamente libres.


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