El Verdadero Rostro del Gringo: Lecciones para Venezuela y América Latina (Parte I)

El Gobierno federal de Estados Unidos, bajo la presidencia de Andrew Jackson, impuso en el senado la “Ley de Relocalización India de 1830” (Indian Removal Act of 1830). Foto: Democracy Now
Por: Omar Hassaan Fariñas
28 de marzo de 2025 Hora: 18:25
En el año 1998, en pleno proceso de juicio de destitución del presidente estadounidense William Clinton, quien suscribe estaba realizando su primera maestría en ciencias políticas, en la Universidad de Western, en Canadá. En una clase de Gobierno canadiense, el profesor nos preguntó: ¿Cuál es su favorito presidente estadounidense? (claro, dijo “americano”). Más allá de lo poco inadecuado que es evaluar el presidente “favorito” del país vecino en una clase de política canadiense, los participantes – de mayoría anglosajona – esperaban de este humilde estudiante (21 años, para entonces), que otorgue una respuesta “controversial” y “cuestionable”, ya que es uno de esos locos terroristas árabes y traficantes de drogas mexicanos (todos los latinoamericanos son mexicanos, en esa ilustre parte del mundo). La mayoría emitió elogias casi románticas sobre los señores John Kennedy y William Clinton.
Quien suscribe indicó que su “favorito” presidente GRINGO (utilizando esa misma palabra) es el del billete de 5$: Andrew Jackson (1829 – 1837). Indiqué que Jackson es el que más respeto le tengo, ya que fue el más sincero: fue un hombre de profundo odio visceral, de intenso desprecio racista hacia todos los amerindios y africanos, y carecía de cualquier remordimiento o misericordia. Jackson exterminó muchos amerindios para robarle sus tierras, y lo realizó sin pretender cualquier tipo de “superioridad moral”, deshumanizando a sus víctimas de manera bien clara. Jackson dejó claro su orgullo de ser el arquitecto de ese genocidio, y nunca asumió una careta de moralidad: el rostro de odio, desprecio y muerte, siempre fue evidente para todos.
Quien suscribe no fue muy popular en sus clases en Canadá. Recibí mis títulos universitarios y salí corriendo de ese país en el 2001, y hasta los momentos, no he regresado. No obstante, 27 años más tarde, aún creo que es válido lo que indiqué en esa clase en el año 1998, y ahora debo agregar a esa “categoría” de presidentes, el Señor Donald Trump.
¿Qué hizo el Señor Jackson, el del billete de 5$? En 1791, el Gobierno federal estadounidense reconoció a los cheroquis como una “nación soberana” dentro de Estados Unidos, aceptando sus territorios como propios de ellos, en el Estado de Georgia – incluso, se firmó un tratado para este efecto. Los residentes de ese estado norteamericano resentían los amerindios por sus tierras productivas y su autogobierno, por lo cual invadieron estas tierras, y fueron exterminando a su gente, poco a poco. En 1828, se aprobó una ley que declaraba nulas todas las leyes de estos amerindios. ¿Cuál fue la motivación de este hurto tan abiertamente ilegal y en violación de sus propias leyes? Estas tierras eran excelentes para que los esclavos africanos de los anglosajones, siembren algodón para sus amos blancos. Cuando descubrieron que esas tierras también tenían oro, pues ya se garantizó el exterminio de estas tribus.
El Gobierno federal de Estados Unidos, bajo la presidencia de Andrew Jackson, impuso en el senado la “Ley de Relocalización India de 1830” (Indian Removal Act of 1830). La ley otorgaba al presidente la potestad de “negociar” (es decir, obligar a través del uso de las bayonetas), con las llamadas “Cinco Naciones Civilizadas”, los términos de su “relocalización”, desde sus territorios en Georgia y otros del este norteamericano, y hacia el oeste del río Mississippi, en lo que hoy es Oklahoma, el cual es un vertedero que no posee ni tierras fértiles, ni recursos naturales de cualquier tipo (aun en el año 2025).
El proceso de remover forzosamente a los amerindios de sus tierras, generó una de las tragedias más lamentables del expansionismo anglosajón: El “Sendero de Lágrimas”: Más de 4.000 soldados federales y 3.000 milicianos, se encargaron de imponer una marcha de muerte que acabó con una gran parte de la población desplazada. Lamentablemente, la triste marcha del genocidio norteamericano, nunca fue considerada oficialmente como un “crimen de guerra”, y mucho menos un genocidio, ya que estos son cometidos solamente por los enemigos de los gringos, nunca por ellos y sus aliados.
Más de 16.000 cheroquis fueron reubicados a los vertederos de Oklahoma, lo que obligó a las mujeres y a los niños a marchar más de 1.300 kilómetros (km), donde sufrieron enfermedades, exposición y hambre, así como recibieron de los anglosajones cobijas intencionalmente infectadas con viruela, y murieron entre 4.000 y 8.000 personas. Jackson, como nos podemos imaginar, justificó todo esto con los argumentos de siempre: no son seres humanos, son un mero estorbo para la “civilización”, pronto enfrentaran su propia extinción, no son civilizados, etc. Es de notar que, para el censo federal del año 1890, la población total de todos los amerindios en Estados Unidos era de 230.000 personas. Al inicio de la colonización anglosajona en el Siglo XVII, se estima que eran entre 14 y 15 millones. Justo por este grado de “sinceridad” con sus odios viscerales, es que sigo insistiendo en que el Señor Jackson, sin duda alguna, es mi favorito presidente gringo.
En la segunda parte de este artículo, continuaremos analizando las realidades del Siglo XIX, en el contexto de Nuestramérica en la actualidad.
Autor: Omar Hassaan Fariñas
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