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"Parece que todo ha contribuido a quererlo destruir, pero no es justo no, no está bien echar lodo contra la obra buena de un gobierno".

"Parece que todo ha contribuido a quererlo destruir, pero no es justo no, no está bien echar lodo contra la obra buena de un gobierno". | Foto: Xinhua

Publicado 2 julio 2020 (Hace 23 horas 8 minutos)


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El escritor cuencano es uno de los gigantes referentes de la literatura ecuatoriana contemporánea cuando hay que ponerse los trajes de narrador, poeta, dramaturgo, catedrático universitario, crítico literario y de arte.

El escritor cuencano Jorge Dávila Vázquez es uno de los gigantes referentes de la literatura ecuatoriana contemporánea cuando hay que ponerse los trajes de narrador, poeta, dramaturgo, catedrático universitario, crítico literario y de arte.

Dávila, quien nació un 14 de febrero en 1947, ha acariciado muchos galardones entre los que destacan: el Premio Nacional de la Casa de la Cultura de Quito en 1977 por Los tiempos del olvido y en 1990 por su obra teatral Espejo roto; el Premio Nacional “Eugenio Espejo” (2016) en reconocimiento por su contribución cultural y literaria al país; y una condecoración en grado de Caballero de la Orden de las Palmas Académicas, conferida por el Gobierno de Francia (1995).

Miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua (2012) y jurado en numerosos certámenes literarios, ha sido parte de Ferias Internacionales del Libro en Caracas, Santo Domingo, La Habana, Buenos Aires, Cali y Bogotá́, y en el Salón International du Livre de París.

¿Cómo se construye una atmósfera creativa?
Con paciencia, teniendo una idea, una percepción, evocando unos espacios en los cuales uno ha estado, uno ha vivido. Deseando, anhelando un ámbito en el que uno no ha estado, puede ser el ámbito del sueño justamente. O de manera realista simplemente trasponiendo (...) el realismo actual ya no es el realismo de antes, minucioso, detallista, pero pasando de la realidad algunos datos, un mundo, una atmósfera, un ambiente.

¿Escribe a partir del recuerdo?
Muy rara vez voy a un espacio y digo este espacio va a pasar al libro, al cuento, a la novela, muy raramente. Cuando yo escribí el teatro neoclásico de María Joaquina en la vida en la muerte, es otro teatro, no es el (teatro) Sucre necesariamente. Los telones bordados y todas esas cosas no tienen que ver precisamente con la realidad, porque la realidad es un punto de referencia. Yo diría que, a ratos, es más el teatro Colón de Buenos Aires -que yo no conocía en esa época más que por fotos-, que el teatro Sucre.
También vas mezclando atmósferas que tienen afinidades para construir tu atmósfera literaria.

Si la escritura no depende de la inspiración, sino de la motivación como usted lo ha afirmado en algunas oportunidades, ¿dónde se hallan esos estímulos?
En todas partes. En nuestra conversación, en este sitio (Parque Seminario -Iguanas-), en las evocaciones que estamos haciendo de una composición musical, en el recuerdo que estamos teniendo de los sitios en los que yo he estado, o que yo he descrito, en fin. Todo eso siempre se mira como un punto de partida, La ambientación es un punto de partida, el resto es trabajo.

¿Usted cree que el escritor se hace ante todo?
No, yo creo que nace; yo creo que todos tenemos el don, pero no todos lo desarrollamos. Todos nacemos escritores, pero es en potencia; en acto, digamos, eso ya es cuestión individual, personal.

Jorge Luis Borges planteaba que una hipotética inmortalidad puede ser una condena humana. ¿Qué interpretación tiene acerca de la muerte?
Yo creo que es un proceso natural. Es doloroso. Muy doloroso cuando afecta a seres que amamos. Y eso duele mucho y yo perdí una hija hace 48 años y nunca me he curado. Tenía meses nada más de nacida. Y realmente es una llaga, una llaga palpitante. Mi madre murió hace 27 años, y el dolor por la muerte de ella persiste. Yo tuve amigos, grandes amigos que eran como mis hermanos. Ellos han muerto y pues, también ese dolor me queda. A veces digo, no tengo este dato, no sé esto o no lo otro; voy a llamar a Fulano o a Zutano, pero están muertos. Es dificilísimo llamarles...
Entonces, aunque la muerte sea parte del proceso vital, porque muerte y vida van de la mano, sin embargo causa un profundo dolor en el ser humano. Un profundo dolor que a mi modo de ver la religión puede atenuar, pero no eliminar. Es mi punto de vista, no es muy creyente ni muy religioso, pero yo pienso así. O sea que las creencias atenúan el dolor que provoca la muerte de los seres queridos.
(Las religiones) le consuelan a uno porque le hablan de la otra vida. Yo soy creyente de otra vida, evidentemente.

¿Qué sospecha que hay al otro lado de la vida?
Yo pienso que hay una vida espiritual, una vida que purifica al ser humano de preocupaciones, que une a una gran Providencia, llámese Dios, llámese Padre, llámese como quiera, pero esa no unión, esa otra vida, es una unión con una divinidad.

¿Existe, al modo y manera, como en su obra Espejo Roto?
Sí, yo creo que hay otra vida, pero esa otra vida, para mi modo de ver tiene una característica esencial y es que está libre de preocupaciones. Es una purificación. Es un estado puro del ser y eso le permite, digamos, mirar las cosas, incluso las más duras, las más dolorosas, con una cierta calma.

¿Cómo concebir, por ejemplo, las edades allí? O sea, uno muere, supongamos a los 80 años, otros a los 15, ¿permanece en ese estado?
Es incorpóreo. Es un relacionamiento de ánimas fundamentalmente con su Creador, de acuerdo con la noción cristiana.
Pero yo no creo que haya cambios de edad. Permanecen de alguna manera en un estatus de edad que les permite gozar de esa incorporación, pero que también suprime sus vínculos con lo terrenal. O sea, cuando más se preocupan por los seres de acá, y simplemente suplica por ellos, pero nada más. Si no estaríamos llenos de manifestaciones supranaturales.
Son ideas mías sobre lo supranatural, a lo mejor eso va a molestar a algunos estudiantes y yo no quiero ofender a nadie. O no creyentes también.

¿Existe Dios?
Sí, siempre he sido muy religioso. Una parte importante de mi poesía es de carácter religioso. Para mí es una fuerza suprema la fuerza de Dios. Está en nosotros. Nosotros solo somos manifestaciones de esa divinidad.

Eloy Alfaro decía que él era amigo de Dios, pero no del Papa...
Ahí entra la cuestión religiosa. Ahí no entra la cuestión de convicciones, no entra la cuestión de principios, ni de nada, sino ya entra la cuestión religiosa. En las religiones hay categorías, en el catolicismo puede ser el Papa, pero en otras religiones hay jerarquías peores, heredadas de profetas falsos, de gente que de pronto encontró una especie de forma de inmortalizarse y son sus sucesores los que siguen allí en esa especie de sóleo; siempre hay un jerarca, todas las religiones tienen jerarcas y no son precisamente sus mejores representantes.

Usted cree que si la religión no tuviese la promesa de una vida después de la muerte, ¿se derrumbaría como creencia?
Yo pienso que no se sustentaría, porque parte de la fe del creyente es en esa posibilidad de proyectarse hacia la eternidad.

La literatura tiene grandes temas: la muerte, Dios, el amor, ¿cómo usted construye el ideal del amor?
Yo, generalmente, no hablo del amor ideal. Hablo del amor como esta fuerza que mueve al mundo, como esta energía que está en todo ser y que de alguna manera se manifiesta en sus actos, que se manifiesta en sus formas de comportamiento. Y entonces, a partir de allí yo he desarrollado a lo largo de mi vida tanto en la poesía como en las narraciones e incluso en el teatro he desarrollado esta idea del amor como una fuerza motriz y creo firmemente que es eso. Que no hay formas perfectas del amor, no las hay; salvo las que unen al hijo con la madre o con el padre, no hay formas perfectas del amor, porque somos falibles. En ese sentido, ningún amor es perfecto.

Hasta ahora usted sigue estando con su esposa...
Sí, cumplimos 50 años (de matrimonio) en febrero.

¿Y cómo logra mantener el amor?
Primeramente, está una vieja relación que a veces la desgastan los años, pero que se mantiene, que persiste, están los gustos compartidos. Se parte de afinidades, pero en ninguna pareja se da un amor que sea de tal manera incondicional, porque eso ya sería servilismo, sería anulación de la personalidad del otro, y el amor no es anulación de la personalidad, sino enriquecimiento de la personalidad. Lo que ocurre es que a veces ya con los años hay un cierto desgaste, no en la cuestión afectiva, sino en la cuestión de convivencia, cambian los gustos, los caracteres se vuelven un poco más duros tal vez, pero pues yo creo que es el grado más alto de amor que se puede encontrar en una pareja, pero de ninguna manera es perfecto. Somos imperfectos.

¿Existe la fidelidad?
Sí, de hecho, por supuesto. Y para mí consiste fundamentalmente en estar ligado a la otra persona de una manera auténtica, genuina, sin que yo quiera decir que tú dejes de ser humano por eso.

¿Cómo los jóvenes escritores pueden gestionar su carrera literaria en el Ecuador?
Yo creo que es una cuestión de paciencia, de mucha, mucha paciencia.

A diferencia de otros escritores, usted vende muchos ejemplares; otros escritores tienen que gestionar y no lo terminan consiguiendo.
Ahora, en cuanto, digamos, a la supervivencia base de los libros eso no existe. Vivir de los libros no existe. El vender libros, yo soy bastante bueno en esto de la venta de los libros, pero no gracias a mí, sino gracias a las editoriales con las que trabajo. Son en realidad las editoriales las que venden, no yo. Yo hace muchos, muchos años que no vendo libros. Al principio, en estas ediciones domésticas yo vendía los libros. Una edición doméstica es una edición que tú la haces por tu cuenta en la imprenta de la esquina.

Usted llevaba sus textos a la imprenta, ¿cuántas copias sacaba?
Mil, normalmente. No recuerdo de ninguna edición que se me haya quedado, porque no tengo libros de otras épocas, entonces eso demuestra que lo vendí o lo regalé.
Yo soy muy dado a regalar los libros. O sea, los libros que me dan a mí como muestras de las editoriales. Generalmente, yo les doy a mis nietos, a mis amigos cercanos, a mi familia. Yo no guardo los libros. Primeramente, nunca fui buen vendedor, me ayudaron a veces mis parientes, mis amigos lo colocaron en una parte, otra parte.

¿Cómo se dio a conocer?, ¿usted primero llevó los textos a la imprenta?, ¿cómo se empezó a formar la visibilidad de sus obras? Sabemos que es por la forma de escribir, naturalmente, pero más allá de eso, ¿cómo se fue dando notoriedad o eso fue un trabajo que lo hizo netamente la editorial de turno?
Yo hasta el año 1975 no había publicado prácticamente ningún libro. El alcalde de Cuenca -de la época, doctor en Filosofía e Ingeniero, Alejandro Serrano Aguilar- cuyo nombre lleva el estadio (de fútbol) de la ciudad, y que era un hombre absolutamente eminente, en una noche me dijo en una reunión familiar: “Sé que estás escribiendo mucho”, le dije “sí”, “¿por qué no me das algo?”, me respondió. Le di La nueva canción de Eurídice y Orfeo. Le dije: “Alejo, tengo listo un pequeño libro, está el poema, están las ilustraciones, está el prólogo que es como dos veces más grande que el poema; me dijo “dame”, entonces un lunes y quince días después estaba afuera el pequeño libro. Un tiraje de unos, posiblemente unos 300 ejemplares y no queda rastro de él.
Después, en 1976 yo gané el premio Espinosa Pólit con María Joaquina en la vida y en la muerte y se publicó junto con dos libros de cuentos. Y, de hecho, empezó a venderse muy lentamente, yo no puedo decir que soy un best seller ni mucho menos, empezó a venderse muy lentamente, pero a partir de allí siempre se ha vendido. Al principio, cuando yo hacía las pequeñas ediciones me ocupaba yo de la venta, pero después ya nunca más. Ya son muchos, muchos años y ya son las mismas editoriales las que se ocupan de la comercialización de los libros.

¿Es a partir del premio que recibe que usted deja de vender -individualmente- los libros?
No, todavía hay algunos que yo hago, como por ejemplo, algo acerca de los árboles que es mi libro más hermoso. Hago el libro de los sueños que ganó el premio Gallegos Lara. Hago algunas ediciones, no muchas. De esas sí tuve que encargarme de colocar los textos.

¿Cómo hace carrera un escritor con paciencia en Ecuador?
Mira, no queda más remedio que acudir a las instituciones. Las instituciones a veces demoran, a veces te dan largas. Un joven escritor me decía: “No puede ser que esté esperando un año y no me den todavía respuesta por mi libro”. Le dije: “Mira, yo estoy esperando 30 años porque hay una institución que me pidió un libro y no me publicó nunca”. Pasan esas cosas.

¿Qué obras son sus engreídas?
Bueno, yo pienso que aunque yo no hago mucho esfuerzo, pero María Joaquina sigue siendo muy engreída. Voy a cualquier lugar y me habla gente que normalmente no hubiera hablado de ella en otra época -digamos, muy religiosa-, porque María Joaquina es bastante suelta, bastante libre y desde el punto de vista moral puede tener reparos.

Oscar Wilde decía que no existen libros morales o inmorales, los libros están bien o mal escritos...
Así es, así es, pero el tema de lo moral o de lo no moralmente aceptado y universal se da, existe.

¿Qué piensa en relación a los premios de Literatura? Cortázar no recibió premios en vida, ni el Cervantes... ni el Nobel...
Un tipo como él que tiene la misma altura de Borges, exactamente, es tan grande como él.
Lo que pasa con los premios es que son estímulos, ayudan, pero un escritor nunca puede descifrar todo en el premio. A más que hay cosas así, hay premios que le maltratan a uno.

¿En qué sentido?
En el sentido en que a veces, por ejemplo, estás participando en un premio y lo declaran desierto con un argumento de lo más banal, de lo más tonto, de lo más infundado, pasa, pasa, me refiero en general a la posibilidad de que un autor, un texto, estén postulando para algún premio y de alguna manera sean rechazados. A eso me refiero. Y yo creo que para un escritor es muy doloroso que le rechacen su obra de esa manera. Yo soy, como jurado que he sido de innumerables concursos, enemigo de declarar desierto un premio; me parece ofensivo a quienes han participado.
Pero pienso que a veces, también, es medio intencionalmente ofensivo. Yo creo que el jurado declara desierto ese premio intencionalmente.

¿Por qué motivo?
Complejo de superioridad de los jurados, un poco de envidia muchas veces, la envidia es un feo sentimiento, repugnante, pero es un sentimiento que se da entre los escritores, ocurre.

Y eso que está en el ambiente, eso ¿no permite crecer a la literatura nacional?
No, no es para tanto. Todos hemos sufrido problemas de esa naturaleza y los hemos superado.

¿Usted está de acuerdo en que se deben de dar premios económicos o más bien simbólicos, como libros o algo similar?
Yo creo que para un joven autor que postula un premio es muy importante que se le dé un estímulo económico, aunque sea pequeñito. Es muy importante.

¿Por qué no siguió actuando?
Yo creo que no era un mal actor, recibí muy buena crítica y todo pero yo abandoné la actuación para dedicarme completamente a la escritura. Para mí era más factible escribir que actuar, en el sentido de que la cuestión del sostenimiento de la familia me exigía un cierto tiempo también, desde el punto de vista afectivo, exigía también un trabajo más sostenido, entonces me dediqué completamente a la escritura. Precisamente, dejando de lado mi gran pasión, porque el teatro fue mi gran pasión en una época, mucho. No solamente actué, dirigí, escribí, y ahora... escribo.

¿No regresaría a la actuación?
No, estoy muy viejo para ello.

El tema político...
Yo siempre me he mantenido un poco al margen de la política. Y creo que es una cuestión psicológica. Cuando yo tenía tres años mi mamá me entrenó como un monito de circo y me hizo aprender un discurso para un candidato ultraconservador y mi mamá fue conservadora. Entonces, maravilloso, pero su ideología era conservadora. Entonces, fui y di este discurso, no tengo la menor idea, pero me dijo un amigo mío de la época, mayor a mí con unos diez años, que el candidato se acercó y me abrazó. Me aterra.

Su primera actuación de teatro...
Sí, terrible. Y entonces, imagínate yo que no uso terno nunca, enternado, peinado con gomina y todo.

Se sentía incómodo en la formalidad...
Y entonces a partir de ahí creo que nace una especie de rechazo a la cuestión política. Yo me he mantenido con mi corazón a la izquierda siempre, definitivamente. Pero ni estilo militante, ni he sido una opinión que valga la pena tener presente en la cuestión política ni nada de eso.

Jean Paul Sartre decía en El existencialismo es un humanismo que “no elegir también es elegir”. E instaba a los escritores, en general en sus conferencias, a que tomaran partido con la historia. Usted cree en un arte parnasianista, el arte por el arte.
No, yo no creo en el arte por el arte; creo en un arte comprometido con la realidad, comprometido con el ser humano. A mí me interesa más que nada el compromiso con el ser humano. Toda mi producción es un compromiso con el ser humano. Pero yo hice panfleto político cuando yo era un autor joven, un autor teatral joven, hice panfleto político e incluso mi primer premio obtenido aquí en Guayaquil cuando tenía 22 años fue con una obra de corte político. Y después, mi obra más representada, que es Donde comienza el mañana, que es una obra política también. Sino que lentamente fui dejando de lado, digamos, y centrándome más en la cuestión humanística y humana.

Se alejó de la idea del partidismo...
Bueno, nunca estuve afiliado a nada, salvo al IESS, al seguro social, nunca estuve afiliado a nada... La verdad tuve muchos contactos con gente de la izquierda a la cual quiero.

¿Qué lecturas de izquierda lo marcaron?
En la Facultad de Filosofía y Letras en donde yo hice mis estudios, fuimos a un curso muy brillante con un profesor de filosofía que venía de la Universidad de Concepción, y él nos dio Hegel y nos dio Marx, dos cursos extraordinarios y muy bien puestos y entendimos perfectamente de lo que estábamos hablando.

Dialéctica del amo y el esclavo en Hegel, el concepto de plusvalía de Marx, ¿qué es lo que más le conmovió?
Me mueve mucho, digamos, esto de que hay siempre un conflicto de clases, esa idea de que siempre hay un conflicto de clases y que está determinado por lo económico.

El materialismo histórico, la historia está condicionada materialmente... y hay una lucha presente allí...
Sí, yo creo que se da eso.

En esa lucha, ¿cuál es su posición en la historia?
Por los que menos tienen siempre. Por los que son más débiles, por los que son más explotados siempre. Sin llegar al panfleto, pero yo te digo la verdad que ese es mi punto de vista.

¿Qué tal le parecieron los gobiernos del expresidente Rafael Correa?
Yo tuve una cierta simpatía por el gobierno de Correa, me parece que él estaba lleno de buenas intenciones. Hizo obras importantísimas. Creo que la Universidad de las Artes (UARTES), la Universidad Nacional de Educación (UNAE), la Universidad Yachay de la Ciencia, en realidad fueron hermosos sueños que luego, digamos, parece que todo ha contribuido a quererlo destruir, pero no es justo no, no está bien echar lodo contra la obra buena de un gobierno, haya sido como haya sido este gobierno. Él era muy apasionado, a veces se enfrentaba con la gente y creo que seguía enfrentándose (risas), pero evidentemente era un tipo limpio por más que tratan de involucrarlo, por más que tratan de manchar, era un tipo limpio.

¿Usted cree que existe, en efecto, una persecución judicial?
No, o sea, tanto así no, pero de hecho existe una serie de tendencias en distintos partidos sobre todo a tratar de manchar la imagen del antiguo mandatario, a tratar de liquidar su carrera política.

¿Será el hecho de envidiarle que ellos, individualmente, no lograron lo que sí logró Correa?
En ciertos casos es eso. Pero en ciertos casos va más allá, es ideología de grupo, defensa de intereses.

¿Defensa de la banca?
No, defensa de intereses en general. A veces son los banqueros los que están a la cabeza, lastimosamente confiados en que la gente tiene mala memoria. Pero a veces también son simplemente las personalidades de esa vieja y recalcitrante derecha ecuatoriana que aprovechan la menor ocasión para levantar la voz y hacerse notar.

¿Qué le parece Eduardo Galeano?
Yo he tenido siempre una gran admiración por él, es decir, escribir con un sentido profundamente político como lo hizo él y escribir con tanta calidad es muy raro.

¿Qué obras son las que más le gustan?
Para mí, Las venas abiertas de América Latina. Aunque yo no cito tal o cual obra, sus textos en general a mí me parecieron conmovedores, bellamente escritos, poéticos, intensos y mira él mantuvo siempre su posición, eso es bien importante.

Es raro estar tan comprometido y coherente.
Así es.

¿Qué piensa de los movimientos feministas de los últimos tiempos en el Ecuador?
Yo soy una persona muy respetuosa de la figura de la mujer, incluso algunos, algunas autoras sobre todo, han afirmado que mi literatura es la literatura que más alto deja la figura de la mujer en el Ecuador. Normalmente, partiendo de mi viejo poema La nueva canción de Orfeo y Eurídice, la imagen de la mujer está en primer lugar, luego con María Joaquina, y con los cuentos de las criaturas de la noche, con relatos mil, siempre, la mujer está siempre en primer plano. Yo respeto muchísimo a la mujer luchadora, a la mujer que trabaja por la causa de su familia, de sus hijos, y que tiene una ideología. Yo te decía que mi madre fue una mujer absolutamente ejemplar, ella tenía su ideología de derecha y era absolutamente respetable.

¿Eso le generó algunas fricciones con ella?
No, nunca; nunca, nunca. Supimos mantener las cosas muy delicadas, muy sutilmente. Nunca nos enfrentamos con mamá por causa de esto, por nada mismo. Nuestra relación fue perfecta. Yo sabía exactamente lo que ella pensaba. Yo creo que ella intuía lo que yo pensaba.

Por otra parte, finalmente, en la sociedad existen personas que no están muy dadas a leer, ¿cómo se cambia ese comportamiento cultural?
Lo que pasa es que el primer taller de lectura tendría que ser la familia. Pero a veces la familia no está en capacidad de iniciar al niño en la lectura. Entonces queda la escuela. Y a veces, la escuela tampoco es muy eficiente. Pero la mente cada vez se supera más y más eso, cada vez los maestros leen más. Es admirable, por ejemplo, aquí entre los maestros guayaquileños cómo leen, es una cosa impresionante, realmente impresionante.

¿Usted cree que el campo de batalla está en la escuela?
Sí, en la escuela.


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