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¡NAVIDAD, EN LAS CALLES!

| Foto: Reuters

Publicado 24 diciembre 2019





Al cumplirse un mes del Paro Nacional, la iniciativa en las calles colombianas la tienen las más diversas expresiones de la lucha social: estudiantes, jóvenes desempleados, mujeres, habitantes de barrios populares, comunidades indígenas, artistas, trabajadores precarizados o en el rebusque que se han movilizado, aún en la época de las festividades navideñas, de manera masiva y permanente exigiendo al régimen de Iván Duque que atienda las exigencias de la protesta.

Al cumplirse un mes del Paro Nacional, la iniciativa en las calles colombianas la tienen las más diversas expresiones de la lucha social: estudiantes, jóvenes desempleados, mujeres, habitantes de barrios populares, comunidades indígenas, artistas, trabajadores precarizados o en el rebusque que se han movilizado, aún en la época de las festividades navideñas, de manera masiva y permanente exigiendo al régimen de Iván Duque que atienda las exigencias de la protesta.

Lo ocurrido en Medellín este domingo 22 de diciembre, con miles de personas desfilando desde tres puntos y confluyendo en un gran concierto, es sintomático y revelador del nuevo momento del sujeto social y político en las postrimerías de 2019, y expresa avances en una toma de conciencia colectiva.

Otros hechos de esta Navidad en las calles ponen en evidencia el despertar de importantes sectores populares y un salto cualitativo en sus luchas, que incluye las grandes jornadas del 21 y del 27 de noviembre y la del 4 de diciembre en el plano nacional, y se nutre de un acumulado histórico de jornadas precedentes.

Recordemos las acciones de calle más recientes:

Las de Bogotá y Cali el 8 de diciembre, cuando se escenificaron conciertos multitudinarios de apoyo al Paro. El 4 de diciembre había ocurrido otro sinfónico en la capital del Valle, en la Plaza Jairo Varela.

El plantón en inmediaciones del puente de Juanchito, también en Cali, el lunes 16 de diciembre (brutalmente reprimido por el Esmad, con detención de 16 personas).

La masiva concentración popular en la Plaza de Bolívar de Bogotá, convocada por el Comité Nacional de Paro, para protestar contra la Reforma Tributaria que debatía el Senado ese mismo día.

La ‘natillada’, con cacerolazo incluido, el miércoles 18 de diciembre, en Puerto Resistencia (antes Puerto Rellena), un populoso sector de Cali convertido en uno de los epicentros del Paro en esta ciudad.

La marcha juvenil en el norte de la capital de la República, el jueves 19 de diciembre (igualmente reprimida por la Policía y su criminal política de sacarles los ojos a los muchachos, como en Chile).

El masivo y sentido homenaje a Dilan Cruz, este lunes 23 de diciembre, en el punto del centro de Bogotá donde el estudiante fue asesinado por la Policía.

Al lado de muchos otros a lo largo del país, son hechos de una Navidad diferente y el preludio de que el año 2020 llegará con una parte de la sociedad movilizada, que no cree en mentiras oficiales ni dejará que el régimen de los crímenes de Estado, fraguado durante ocho años por Álvaro Uribe y prolongado ahora con Iván Duque, se siga burlando de ella.

Son sectores de la sociedad que hacen frente a las trapisondas oscuras del sistema político, de sus partidos, de su corrupción y de su represión permaneciendo en las calles, ejerciendo allí su propia democracia.

Liderazgos y conciencia de clase

En Medellín, ad portas de la Navidad y de las fiestas de Año Nuevo, la gente no estaba convocada por ningún líder social o político conocido. Era un acto organizado por artistas diversos, como Adriana Lucía, la vallenata que constituye una revelación (entre muchas otras espontáneas y sinceras de esta coyuntura), por su actitud contestataria, clara y consciente, sin miedo a perder contratos, como si lo tiene la mayoría de la farándula criolla.

Así estuvieron los manifestantes, reunidos a instancias de un señor llamado Paro Nacional, que es de todos los sacrificados por el establecimiento neoliberal impuesto, a sangre y leyes, por la bicéfala oligarquía colombiana.

Una parte importante del pueblo colombiano (cada vez más grande, a pesar de la propaganda en contrario de los medios de las élites) repudia el asalto decembrino de los congresistas en las tinieblas de la noche del 19 al 20 de diciembre, cuando impusieron la Reforma Tributaria que les perdona impuestos a raudales a los más ricos del país y exonera a los amigos del régimen de Duque, como la empresa farmacéutica del esposo de la nueva canciller de la República.

En las calles de la capital paisa, epicentro del accionar del uribismo y de la derecha narcoparamilitar en Colombia, estaba la gente tras una idea colectiva, que no era solo la de la música, sino la de darle continuidad a la protesta nacida el 21 de noviembre de 2019.

Hoy, como resultado del cinismo y la avaricia de la clase en el poder, hay un país que despierta: los que gritan en las marchas son el desempleo, la precarización del trabajo, los muchachos y los veteranos golpeados por la falta de contratos dignos, por las afugias terribles a las que los someten las leyes neoliberales y los obligan a recurrir al rebusque humillante.

El sufrimiento, derivado de la violencia económica, social y cultural a la que la somete el sistema, es por lo que la gente percibe que se debe movilizar. Y lo hace.

También lo hace dolida por los descubrimientos en las propias tierras antioqueñas, Dabeiba, Frontino y otros municipios más, de las fosas de los denominados falsos positivos de Álvaro Uribe y las cúpulas militares, la última de las cuales fue ascendida, a pesar de las denuncias, en el vergonzoso Congreso Nacional.

Y contra la corrupción, que inunda todo el establecimiento capitalista, como lo demuestran los más recientes escándalos en el alto mando de la Policía, el mismo que defiende a capa y espada el actuar criminal de su Esmad.

En el proceso de la movilización, muchos que aún no perciben con claridad la perspectiva de sus acciones podrán formar su conciencia de clase. Es ahí cuando entrarán en juego los cuadros políticos y los movimientos alternativos, para ayudarlos a entender no solo el momento sino el camino al futuro.

La derecha tiene en su poder la mayoría de los cuerpos colegiados (Congreso, asambleas, concejos) a partir de votos cautivos, de la gente más vieja, pero también del clientelismo y de la corrupción electoral. Sin embargo, la derecha no tiene capacidad de movilización en las calles, la cual requiere mística y sacrificio.

Estamos en presencia de un salto histórico en las luchas sociales, que recoge experiencias cercanas, como las del Paro Nacional Agrario de 2013, y lejanas, como la del gran Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977, protestas ambas que levantaban reivindicaciones populares también contra el desempleo, los abismos sociales, la violencia oficial, la dependencia de los agiotistas internacionales.

Hoy hay millones de colombianos que elevan estas y nuevas exigencias. Como en diciembre de 2019, en enero de 2020 las ciudadanías, liberadas del miedo y en proceso de convocatorias colectivas, seguirán gritándole al régimen uribista en el poder: ¡Basta ya!

Cali, lunes 23 de diciembre de 2019.


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