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  • Mauricio Macri y Donald Trump en la reunión del G-20 en Argentina. Diciembre de 2018.
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    Mauricio Macri y Donald Trump en la reunión del G-20 en Argentina. Diciembre de 2018.

Desde su llegada al poder, Mauricio Macri impulsó una política de alineamiento a Estados Unidos con el objetivo de incrementar las exportaciones, obtener créditos a tasas bajas y recibir una lluvia de inversiones. Nada de eso sucedió.

Con el argumento de que Argentina estaba desconectada del mundo, desde su campaña presidencial en 2015, Mauricio Macri sostuvo que había que recuperar las alianzas tradicionales con Estados Unidos y las potencias europeas. Abandonó desde el inicio de su mandato la política que impulsaron los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que se caracterizó por la integración regional, las relaciones multipolares y la autonomía.

Macri logró en marzo de 2016 que Barack Obama visitara el país, después de 11 años de que ningún presidente de Estados Unidos lo hiciera tras el “No al Alca” y el repudio a George Bush en la ciudad de Mar del Plata en 2005. “Tuvo una muy buena relación durante el gobierno de Obama y apostaba a continuar esa relación con Hillary Clinton, insertar a la Argentina en los tratados de libre comercio que impulsaba en ese entonces Estados Unidos, pagarle a los fondos buitre como lo hizo en 2016, pero cuando ganó Donald Trump tuvo que rearmar otra relación”, explicó en diálogo con TeleSUR Leandro Morgenfeld, historiador, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Durante la campaña presidencial, en agosto de 2016, Macri explícitamente apoyó la candidatura de Clinton y aseguró que Donald Trump “levanta muros”. Pero después de la victoria del republicano, según el investigador, “Macri mantuvo el vínculo, trató de mostrarse como socio privilegiado de Estados Unidos en América del Sur y de hecho lo fue".

Macri insertó a Argentina en el Foro Económico de Davos, cuando el Presidente no participaba desde hacía la menos 13 años; ofreció a la Argentina como sede de la reunión ministerial anual de la Organización Mundial de Comercio, que fue la primera vez que se hizo en Suramérica; ofreció a la Argentina como sede de la reunión de jefes y jefas de gobierno del G-20 el año pasado; organizó el mini Davos en la Argentina; recibió a Trump. El único país de América Latina y el Caribe que visitó Trump en casi tres años de gobierno fue la Argentina. Es decir, alineó toda la política exterior con la de Estados Unidos, reeditando lo que fueron las relaciones carnales entre Estados Unidos y Argentina en los años 90 con Menem”.

Argentina le dio la espalda a la región. En enero de 2016, después de regresar de un viaje al Foro Económico de Davos, anunció que no viajaría a la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), aunque adujo problemas de salud. Durante ese año, junto a Michel Temer —que asumió la presidencia de Brasil después del impeachment a Dilma Rousseff— y el mandatario paraguayo, Horacio Cartés, impulsaron la expulsión de Venezuela del Mercosur. Desde su llegada a la Presidencia tampoco habilitó las partidas presupuestarias para los legisladores del Parlasur.

En 2019, Macri eliminó por decreto la elección de legisladores del Mercosur a pesar que temas tributarios, penales y electorales no se pueden modificar por esa vía sino que tienen que ser tratados en el Congreso de la Nación. En abril de 2019, después de 11 años, retiró a la Argentina de la UNASUR, organismo que intervino para repudiar el intento de golpe en Ecuador y durante el conflicto entre Colombia y Venezuela en 2010. En un comunicado, la Cancillería Argentina aseguró que la agenda tenía un “alto contenido ideológico”.

Morgenfeld señaló que al expulsar a Venezuela, Macri “hirió de muerte al Mercosur. Y ahora lo quiere transformar en una estructura más flexible, que implicaría romper la unión aduanera. Quiere eliminar la posibilidad que sólo se puedan firmar acuerdos de libre comercio o económicos si todos los países miembro están de acuerdo”.

“Hay un claro ninguneo de cualquier política latinoamericana, salvo que sea la que está alineada con Estados Unidos: el Grupo de Lima, la Alianza del Pacífico, la organización Prosur que acaban de lanzar Sebastián Piñera e Iván Duque y ahí si va el gobierno de Macri porque son las puntas de lanza contra Venezuela”, sostuvo Morgenfeld. Y agregó: “Hay un ninguneo prácticamente absoluto a cualquier perspectiva de integración autónoma latinoamericana”.

Macri también buscó un alineamiento con Estados Unidos en lo referente a Seguridad y Defensa. En octubre de 2016, en un documento del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el organismo advirtió: “El gobierno nacional ha retomado la cooperación para la defensa con los Estados Unidos con el objetivo de “afianzar las relaciones” que se encontraban congeladas desde febrero de 2011, cuando la Argentina incautó material de inteligencia no declarado en un avión militar norteamericano. Desde el 10 de diciembre, al menos 35 funcionarios de alto nivel de ese país visitaron la Argentina, la mayor parte de ellos se reunió con sus pares del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Seguridad”. Funcionarios del gobierno también mantuvieron reuniones con la subsecretaria adjunta de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental, Rebecca Chávez.

En junio de 2016 visitó el país el almirante Kurt W. Tidd, comandante del Comando Sur de ese país. “Tidd es un férreo impulsor de la intervención de los militares en la seguridad interna y su presencia revela la dimensión estratégica que posee a nivel regional el debilitamiento del principio de demarcación. En efecto, el Comando Sur es la agencia responsable de difundir en América Latina la doctrina de las “nuevas amenazas”. Aunque en Estados Unidos existen impedimentos legales a la participación de los militares en la seguridad interna, su política hacia la región propone lo contrario”, sostuvo el CELS. El Ministerio de Seguridad firmó diversos acuerdos con Estados Unidos.

En junio de este año, el jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, se reunió con el ministro Oscar Aguad y la cúpula de Defensa. Faller ofreció el envío de aviones y vehículos blindados de Estados Unidos para las Fuerzas Armadas, y planteó de la preocupación de Washington sobre la situación de Venezuela y el avance de China en la región.

 

Morgenfeld explicó: “Se produjo una creciente penetración de las fuerzas armadas, de los organismos de inteligencia de Estados Unidos en Argentina de múltiples formas. Utilizan la excusa del combate al terrorismo para apalancar, para apoyar los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, no solo atacar a Venezuela sino boicotear cualquier acuerdo multilateral negociado con Irán. En el orden de Seguridad y Defensa hay una clara sesión de soberanía por parte de Argentina y de alineamiento con Estados Unidos”.

El sometimiento a Estados Unidos no trajo réditos económicos para el país. “La política exterior de Macri nos iba a reinsertar en el mundo: iba a traer inversión extranjera, Argentina iba a poder tomar crédito a tasas bajas y, sobre todo, se iba a transformar en el supermercado del mundo, iba a ampliar las exportaciones. En las tres cosas, en los términos de los objetivos de Macri, la política fue un fracaso total. La lluvia de inversiones nunca llegó, más bien fue una enorme sequía; Argentina tuvo un acceso al crédito en términos de los intereses de los acreedores extranjeros. Gastamos unos 15.000 millones de dólares en pagarle todo lo que exigían los fondos buitres, desfinanciando a la Argentina. El gobierno de Macri se endeudó a lo loco a tasas muy altas hasta el momento en el que estalló la corrida de 2018, no tuvo más acceso al crédito privado y tuvo que recurrir al megasalvataje del FMI, el más grande de la historia de cualquier país del mundo por 57.000 millones de dólares. Es decir, se megaendeudó en 160.000 millones de dólares sin que eso se viera en obras de infraestructura, en crecimiento económico ni en ningún indicador económico social positivo”.

En lo que refiere al intercambio comercial, un informe editado por el Grupo de Trabajo Integración y Unidad Latinoamericana del Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLACSO), Julián Kan señaló: “Si bien hubo un incremento de las exportaciones argentinas a Estados Unidos durante 2016, quizás como premio por el acercamiento, continuaron las disputas comerciales habituales, por ejemplo los limones. Con Trump se prohibió el ingreso de limones que un año después fue destrabado. No obstante, no tiene un impacto significativo para el comercio argentino ya que implica entre 30 y 50 millones de dólares. Por el contrario, sí hay incidencias en la exportación de Biodiesel que implican comercio por 1.200 millones de dólares y donde hubo trabas de parte Washington. También se lanzaron amenazas de aranceles en acero y aluminio, pero las negociaciones lograron frenarlo, a cambio de concesiones en importaciones de cerdo de Estados Unidos. Se logró la vuelta de la exportación de carnes argentinas pero ésta se venía ordenando desde hace años mediante un reclamo ganado en la OMC por el gobierno anterior”.

“El comercio exterior profundizó el déficit de la balanza comercial. La suba de las exportaciones (objetivo de la nueva etapa) entre 2016 y fines de 2018 fue escasa, si se tiene en cuenta la devaluación y la quita de retenciones a las exportaciones agropecuarias. Hubo una suba de las importaciones (productos industriales, autopartes y vehículos, bienes de capital y combustible), producto de la baja de aranceles y la quita de licencias no automáticas. El déficit de la balanza comercial es notable. En todo el período 2016 tuvo algo de superávit, 2.124 millones de dólares, mientras que 2017 tuvo déficit de 8.471 millones de dólares y 2018 de 3.800 millones de dólares. Recién en septiembre de 2018 hubo superávit luego de 20 meses, producto de la devaluación de agosto que trajo una fuerte caída de las importaciones, no obstante la tendencia al déficit continúa. Los intercambios comerciales interanuales comparados entre 2017 y 2018 señalan la crisis del comercio exterior argentino: en septiembre un 13 por ciento inferior, en octubre un 9,5 por ciento inferior, en noviembre un 10 por ciento inferior, en diciembre un 7,5 por ciento inferior, manteniendo los principales destinos de las exportaciones se mantuvieron sin grandes alteraciones”, escribió Kan.

En definitiva, Argentina abandonó por completo la política de integración regional por una de alineamiento con Estados Unidos que sólo llevó a una pérdida de soberanía en distintos ámbitos sin ningún tipo de beneficio para el país.


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