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El prócer independentista cubano Antonio Maceo fue un incansable luchador por la libertad de Cuba.

El prócer independentista cubano Antonio Maceo fue un incansable luchador por la libertad de Cuba. | Foto: Juventud Rebelde

Publicado 7 diciembre 2019





“Esto va bien”, fueron sus últimas palabras antes de dejar un legado de amor a su Patria, que lo vio nacer por Santiago de Cuba, y de fe inquebrantable en la independencia de su Isla, hace 123 años.

Murió con 51 años y cuentan que se llevó consigo 27 heridas en el cuerpo que no pudieron arrancarle la vida, hasta el último disparo que lo alcanzó en una batalla contra el ejército español en San Pedro, Punta Brava, al Occidente de Cuba.

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Eran alrededor de las tres de la tarde del 7 de diciembre de 1896 cuando Antonio Maceo cayó en combate. “Esto va bien”, fueron sus últimas palabras antes de dejar un legado de amor a su Patria, que lo vio nacer por Santiago de Cuba, y de fe inquebrantable en la independencia de su Isla.

Medio siglo antes de la trágica noticia en Punta Brava, Antonio Maceo Grajales nació el 14 de junio de 1845 en el municipio San Luis, provincia de Santiago de Cuba. Con solo 23 años se unió a la gesta independentista cubana en 1868, liderada por el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes.

De una familia de 12 hermanos, había aprendido a manejar las armas de manos de su padre Marcos Maceo, mientras que su madre, Mariana Grajales, le inculcó la disciplina que llevaría sobre sus hombros en la vida en las tropas del Ejército Libertador. De la madre de los Maceo aprendió también el temple, el coraje.

Su compañero de lucha, el Apóstol de Cuba, José Martí, describía una ocasión en la que Antonio Maceo llegó a las manos de su madre gravemente herido: “Fue un día en que traían a Antonio Maceo herido; le habían pasado de un balazo el pecho: lo traían en andas, sin mirada, y con el color de la muerte”.

“Las mujeres todas, que eran muchas, se echaron a llorar, una contra la pared, otra de rodillas, junto al moribundo, otra en un rincón, hundido el rostro en los brazos. Y la madre, con el pañuelo a la cabeza, como quien espanta pollos echaba del bohío a aquella gente llorona: “¡Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas!”, escribió Martí.

Entre las batallas en las que participó durante la conocida Guerra de los Diez Años, el hecho histórico que demostró la intransigencia revolucionaria del Lugarteniente General Antonio fue la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de 1878.

El Pacto del Zanjón, firmado el mes anterior por varios luchadores independentistas, proponía entregar las armas para alcanzar una paz, pero sin independencia. Maceo se opuso a ello y, en entrevista con el General español Arsenio Martínez Campos, afirmó: “No acepto deponer las armas sin haberse proclamado la independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud”.

Y no aceptó. No claudicó. La lucha armada continuaría en Cuba. “En el momento en que aquella lucha de diez años iba a terminar, surge aquella figura, surge el espíritu y la conciencia revolucionaria radicalizada, simbolizada en ese instante en la persona de Antonio Maceo”, destacaba Fidel Castro sobre el conocido “Titán de Bronce”.

Años después, al culminar la guerra por falta de unidad entre los cubanos, entre otros factores, Maceo viaja a Jamaica. Luego lo hace a Costa Rica, donde se encuentra con Martí en 1893 para reanudar la lucha en Cuba. El Apóstol sabía, y así lo expresó, que Maceo tenía “tanta fuerza en la mente como en el brazo”.

Tras un período conocido como Tregua Fecunda o Reposo Turbulento, en el que se organizó una nueva guerra en la Isla, Maceo regresa a Cuba en una embarcación el 1 de abril de 1895 para participar en la Guerra de 1895.

En la nueva contienda fue protagonista, junto al General Máximo Gómez, de una proeza militar en la historia de Cuba: la invasión de Oriente a Occidente, con la que pondrían en pie de guerra a toda la nación.

Entre 1895 y 1896 desarrolla su labor en la provincia de Pinar del Río y, cuando se dirige hacia La Habana de paso rumbo a la zona de Las Villas para reunirse con Gómez, ocurre el combate en Punta Brava, que acabó con la vida de uno de los próceres independentistas cubanos más destacados, hace 123 años.

Cuadro de Armando Menocal sobre la muerte de Maceo. Foto: Granma.

“Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo. Su palabra es sedosa, como la de la energía constante y de una elegancia artística que le viene de su esmerado ajuste, y de idea cauta y sobria”. Así lo describía José Martí. Así recuerda Cuba este 7 de diciembre a su “Titán de Bronce”.


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