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El golpista Augusto Pinochet y el secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, rostros visibles del exterminio de militantes de la izquierda.

El golpista Augusto Pinochet y el secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, rostros visibles del exterminio de militantes de la izquierda. | Foto: Cancillería de Chile

Publicado 25 noviembre 2021



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Según los Archivos del Terror, hubo 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidas y 400.000 estuvieron encarceladas.

A finales de 1992 fueron halladas en Paraguay, en archivos secretos de la policía, pruebas sobre la existencia en los años 1970 y 1980 de una campaña coordinada entre las dictaduras de América del Sur, de conjunto con los servicios de inteligencia de Estados Unidos (EE.UU.), para neutralizar a militantes de izquierda y acallar todo pensamiento emancipador.

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Esos documentos se encontraron gracias a la gestión del educador Martín Almada y el juez José Agustín Fernández, y ofrecen pruebas irrefutables del exterminio y violaciones de derechos humanos contra personas que fueron identificadas como adversarios.

De acuerdo con esos registros documentales, conocidos hoy como Archivos del Terror, fueron asesinadas unas 50.000 personas, 30.000 resultaron desaparecidas y 400.000 estuvieron encarceladas, de las cuales muchas sufrieron tortura. Entre las víctimas se cuentan 3.000 niños.

Plan Cóndor y dictaduras militares

A juicio de la periodista argentina Stella Calloni, los regímenes militares derechistas de  Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil participaron en esa campaña de terror.

En Paraguay se apoyaron en el dictador Alfredo Stroessner, en el poder entre 1954 y 1989, y en Bolivia lo hicieron en la dictadura de Hugo Banzer, iniciada en 1971.

Chile se incorporó tras el ahogamiento en sangre por el general golpista Augusto Pinochet del mandato del presidente socialista Salvador Allende, en 1973, año en que el presidente Juan María Bordaberry implantó una dictadura en Uruguay.

Tres años después, tras la muerte del presidente Juan Perón, el general Jorge Rafael Videla y los militares llegaron al poder en Argentina, país que registró la mayoría de los 30.000 desaparecidos que hubo en la región. En el caso de Brasil, los militares destruyeron en 1964 el gobierno democrático y popular de João Goulart.

La campaña de exterminio recibió el nombre en clave de Operación Cóndor. Sus primeras coordinaciones fueron hechas entre Pinochet y el general Manuel Contreras, jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de ese país.

Otro pilar del terror

Documentos hecho públicos revelan que esta cruzada de aniquilación fue urdida además con la guía cómplice de Estados Unidos.

Historiadores consideran tras esas acciones represivas estuvo Henry Kissinger, primero asesor de Seguridad Nacional y luego Secretario de Estado (1973-1977) de esa nación.

Martín Almada, quien sobrevivió a crueles torturas en Paraguay, denunció que las fuerzas militares y policiales de esos países (y de otros, como El Salvador) fueron formadas para asesinar en la Escuela de las Américas.

EE.UU. proclamaba que esa instalación suya, ubicada entonces en la Zona del Canal de Panamá y hoy en Fort Benning (estado de Georgia), se especializaba en contrainsurgencia, pero en verdad enseñaba la tortura como instrumento cotidiano para reprimir. No pocos graduados de este lugar devinieron años después connotados violadores de los derechos humanos.

Bomba atómica contra el Cono Sur

Además de activarse contra todo lo que se antojase ideas socialistas y comunistas, esas dictaduras y la Operación Cóndor favorecieron en esas naciones la aplicación de recetas neoliberales, lo cual acarreó significativas consecuencias en su ulterior evolución económica, política y social.

A juicio de Almada, las dictaduras utilizaron el exterminio, la tortura y el exilio de sus enemigos civiles, preferentemente intelectuales y líderes jóvenes. También se orientaron a aniquilar a religiosos que abrazaron la Teología de la Liberación.

Según estudiosos, debido al Plan Cóndor generaciones de luchadores revolucionarios perdieron a muchos de sus líderes más íntegros.

Almada considera que Kissinger lanzó una bomba atómica sobre el Cono Sur de América Latina, donde Operación Cóndor dejó más de 100.000 víctimas fatales entre 1975 y 1989.

 

¿Deja vu Kast?

Meses atrás, medios chilenos llamaron la atención sobre un aspecto del programa del político ultraderechista José Antonio Kast, quien se postula para la Presidencia de Chile.

En el punto 33 de su programa, el representante del Partido Republicano valora que lo ocurrido en Colombia durante el Paro Nacional de 2021 es una repetición del estallido social en Chile a finales de 2019.

Al respecto, propone crear una “Coordinación Internacional Anti-Radicales de Izquierda”. Según él, si llega al Palacio de la Moneda “nos coordinaremos con otros gobiernos latinoamericanos para identificar, detener y juzgar agitadores radicalizados”, para lo cual entregará mayores herramientas a Carabineros y Fuerzas Armadas.

En fecha reciente Kast también declaró: “Yo creo que sí, que (Pinochet) votaría por mí si estuviera vivo”.


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