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Atilio Borón
Atilio Borón

Argentino de nacimiento y latinoamericano por convicción. Sociólogo y analista político. Obtuvo su Licenciatura en Sociología y posteriormente, su Magister en Ciencia Política. Tiene un Ph. D. en Ciencia Política en la Universidad de Harvard.

66 Notas publicadas

Notas recientes

El notable escritor, periodista y político venezolano Earle Herrera publicó hoy, en Ciudad Caracas y en Correo del Orinoco, una breve nota sobre un inverosímil “olvido” del Pentágono en Afganistán.

La caída de Kabul a manos del Talibán es un hito que marca el fin de la transición geopolítica global. El sistema internacional sufrió significativos cambios desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Hiroshima y Nagasaki unidas a la derrota del nazismo en Europa a manos del Ejército Rojo fueron los acontecimientos que alumbraron al llamado “orden bipolar”. La caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética a fines de 1991 marcaron el fin de aquella época y excitaron las fantasías de estrategas y académicos estadounidenses que se ilusionaron con el advenimiento de lo que sería “el nuevo siglo americano".

En una entrevista de esta mañana en el programa "Good Morning America" de la cadena ABC el presidente Joe Biden dijo que Vladimir Putin “era un asesino” y que “pagaría un precio por sus esfuerzos por socavar la elección presidencial del 2020.” También dijo que era “un desalmado.” Cuando su entrevistador le preguntó “¿cuál sería el precio que Putin pagaría?” la respuesta de Biden fue: “lo verá muy pronto.” Huelga insistir en el tono matonesco y pendenciero exhibido por el presidente en su intervención.

Cuando en Abril 2018 Lula fue condenado a la cárcel por el juez Moro Vargas Llosa lo exaltó en su nota publicada en El País de Madrid (y reproducida en centenares de diarios de la región) "como modelo ejemplar para el resto del planeta.

Día de luto para los pueblos de Nuestra América. Hace ocho años, a consecuencia de un cáncer prefabricado, de laboratorio, moría el Comandante Hugo Chávez Frías. El imperialismo y sus esbirros celebraron el infausto acontecimiento, al igual que sus repugnantes lacayos regionales. Fieles a sus toscos razonamientos unos y otros pensaron que “muerto el perro, muerta la rabia”. Se equivocaron: Chávez murió -en realidad fue lentamente asesinado- pero el chavismo sigue vivo porque las condiciones objetivas que hicieron posible el arrollador despliegue de su creatividad política siguen presentes. La insaciable voracidad de dominio del imperio y el menoscabo de la autodeterminación nacional de numerosos países, no sólo en Latinoamérica y el Caribe, nutren la permanente recreación del chavismo y su mensaje. Tal vez bajo nuevas formas, pero se recrea.

La pandemia y reclusión forzosa me posibilitaron ponerme al día con muchas lecturas, escribir a diario (pronto les diré las sorpresas que se vienen) y organizar mis archivos y carpetas, recuperando de ese modo documentos y escritos varios, entre ellos algunos “papers” presentados en congresos científicos. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando, perdida en el fondo de una caja con libros que estaba a punto de donar, me encontré con una carpeta que decía “La izquierda chilena: 1970”. Me abalancé sobre ella, la abrí y en su interior hallé varios documentos que había dado por perdido a causa de mis numerosas mudanzas, dentro y fuera del país, amén de algunas rupturas matrimoniales que siempre perturban el orden de archivos y bibliotecas.  Entre ellos se encontraba el original -en inglés porque lo debía presentar al Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA), en Munich, 1970- de un artículo de 33 carillas titulado “Political Mobilization and Political Crisis in Chile, 1920-1970”  y publicado como Documento de Trabajo Nº 17 de la Escuela de Ciencia Política de la FLACSO/Chile. En esa misma carpeta encontré otra joya: el trabajo de un académico estadounidense, Miles Wolpin, al cual me referiré más abajo.

 La muerte de Carlos S. Menem ha sido el disparador para arrojar una nueva mirada sobre su gobierno, su gravosa herencia y también, sobre el proyecto neoliberal en sus sucesivas re-encarnaciones.

Después de sortear innumerables obstáculos leguleyos interpuestos por el Consejo Nacional Electoral (acatando órdenes expresas de Lenín Moreno para sacar del juego, lawfare mediante, al correísmo) el binomio de Andrés Arauz y Carlos Rabascall pudo participar en las elecciones e imponerse en la primera vuelta. Si bien las encuestas pronosticaban una votación por encima del 36 % (sólo una acertó casi matemáticamente los guarismos de Arauz y Lasso) lo cierto es que al final del día y en medio de un recuento desprolijo de los votos Arauz se alzó con el 32.15 % de los sufragios. Le siguen, compitiendo cabeza a cabeza y separados por veintisiete centésimos Yaku Pérez (19.87 %) del Pachakutik y del banquero Guillermo Lasso, que en su tercera apuesta presidencial obtuvo 19.60 % de las preferencias electorales. No obstante, falta todavía computar una pequeña cantidad de votos que, dada su localización regional, podrían revertir esta situación y posicionar a Lasso en el segundo lugar. Pero al momento de escribir estas líneas el CNE aún no había concluido el escrutinio.

Por lo tanto sería deseable que Biden y sus hampones que antes de exigir nada a nadie miren a su propia casa y liberen a todos sus presos políticos sin más demoras. Entre ellos los que llevan casi 20 años detenidos en la cárcel de la Base Naval de Guantánamo.

La derecha internacional, con su gran director de orquesta residente en Washington, ha enfilado todos sus cañones para impedir el triunfo del binomio Andrés Arauz(foto)-Carlos Rabascall, apelando a cualquier recurso. Una frase erróneamente atribuida a Donald Trump, “todas las opciones están sobre la mesa”, es tan vieja como la historia misma de las antiguas Trece Colonias inglesas que al independizarse se convirtieron en Estados Unidos de América. En el mundo actual una de esas opciones, me animaría a decir la preferida en la época del “poder blando” (que es tanto o más letal que el otro), es el ataque con la artillería mediática de que dispone sin contrapesos la derecha. Es sabido, aunque a veces se olvida, que ésta nunca es una fuerza política sólo nacional sino que siempre se ampara en la estrategia global diseñada y orquestada por la Casa Blanca, consciente de que para triunfar en una batalla nacional es preciso que la misma se instale en el gran tablero geopolítico mundial donde Estados Unidos puede hacer valer toda su influencia.