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Katu Arkonada
Katu Arkonada

Tiene un diplomado en Políticas Públicas. Exasesor del Viceministerio de Planificación Estratégica, de la Unidad Jurídica Especializada en Desarrollo Constitucional y de la Cancillería de Bolivia. Ha coordinado las publicaciones "Transiciones hacia el Vivir bien" y "Un Estado muchos pueblos, la construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador". Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

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Muerte de Chávez, guarimbas, órdenes ejecutivas que la declaran peligro para la seguridad nacional de Estado Unidos, bloqueos y embargos que se recrudecen con el impacto de una pandemia…lo que ha vivido Venezuela en 7 años no tiene precedente. Y todo ello sin que se pueda constituir una oposición democrática a la Revolución bolivariana y chavista, una oposición que básicamente es la misma desde 2002, golpista y guarimbera, sin propuesta alternativa de país.

El MAS-IPSP obtuvo en las pasadas elecciones 3’394.052 de votos, el 55’11% del padrón electoral, superando en 8 puntos y más de medio millón de votos los resultados de 2019. Por otro lado, Carlos Mesa obtuvo 8 puntos menos (pasó del 36’51% al 28’83%) y casi medio millón de votos menos que en 2019 (1’775.953).

No soy fan de la insaculación, la famosa tómbola, como método para escoger representantes políticos en las instituciones. Quizás sea un defecto por mi formación leninista, motivo por el cual tampoco considero que una encuesta que viene sesgada por el reconocimiento a uno u otro candidato sea la mejor forma de escoger al máximo dirigente del partido más grande de México.

En octubre de 2019, el Movimiento al Socialismo-Instrumento para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) con Evo Morales de candidato sacaba el 47’08% sobre poco más de 6 millones de votos válidos, con casi 11 puntos de diferencia sobre Carlos Mesa, segundo con el 36’51% de los votos. Tal porcentaje y diferencia le hacía ganar en primera vuelta, pero la operación de la OEA denunciando un fraude que nunca existió, y una revuelta de las clases medias urbanas con apoyo e impulso policial y militar, culminaba en un golpe de Estado que terminó de manera paradójica en las urnas con un porcentaje de apoyo al MAS superior (55%, 3.4 millones de votos) en octubre de 2020.

La misma semana que se hacía público un informe denunciando al gobierno venezolano por crímenes de lesa humanidad, realizado por una “Misión Internacional Independiente” que no llegó a pisar el país y se basó en testimonios opositores y redes sociales, el Secretario de Estado Mike Pompeo visitaba Brasil y Colombia para seguir alimentando la retórica contra la revolución bolivariana durante la campaña presidencial estadounidense, pero también en plena campaña electoral por las elecciones legislativas que tendrán lugar el 6 de diciembre en Venezuela.

La mayor potencia militar del mundo enfrente este noviembre sus elecciones presidenciales marcadas por dos hechos que combinados entre sí producen un escenario de consecuencias imprevisibles.

A 5 semanas para las elecciones generales en Bolivia del 18 de octubre, el panorama se complejiza más y más.

En poco más de 3 meses, el 6 de diciembre, se celebrarán las elecciones parlamentarias en Venezuela. Las anteriores se celebraron el 6 de diciembre de 2015 y la oposición obtuvo mayoría gracias a la abstención de 2 millones de votos chavistas que decidieron quedarse en casa y no votar.

El 1 de julio de 2018 se puso en marcha, en palabras de López Obrador, la cuarta transformación de la vida pública del país. Esta denominación hace referencia a las tres anteriores grandes transformaciones de México: la Independencia, insurrección armada que tuvo lugar entre 1810 y 1821 para liberarse del yugo español; la Reforma, guerra entre liberales y conservadores entre 1858 y 1861 que tuvo como protagonista a Benito Juárez y como resultado la separación entre Iglesia y Estado; y la Revolución de 1910 a 1917 que tumbó el régimen de Porfirio Díaz y dejó una de las constituciones más avanzadas del continente.

Definitivas, inamovibles e impostergables. Así define el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia el carácter de las elecciones generales que tendrán lugar en 2 meses, el 18 de octubre.