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Miguel Angel Ferrer
Miguel Angel Ferrer

Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.

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Para explicar la ferocidad de los ataques de la derecha mexicana contra el Presidente López Obrador es necesario recordar la serie de acciones gubernamentales que han minado el sistema de enriquecimiento ilegítimo y el poder económico de esa misma derecha.

A comienzos del año 2020, médicos, epidemiólogos y otros estudiosos sostenían que la Covid-19 tendría una letalidad del diez por ciento de los contagiados.

Se sabe bien que epidemias y pandemias asumen un comportamiento o desarrollo que puede expresarse gráficamente como una curva o campana de Gauss: crece ascendentemente y de izquierda a derecha hasta llegar a un punto máximo a partir del cual empieza a decrecer y finalmente desaparecer.

Indudablemente muy pronto ciencia y científicos obtendrán una vacuna para prevenir la Covid-19. Y también sin duda en breve tiempo la sociedad humana contará con un medicamento antiviral capaz de destruir al coronavirus.

No obstante la severidad de la crisis económica mundial, y a pesar de los estragos en el empleo causados por la crisis sanitaria, también universal, por la pandemia de Covid-19, los datos duros no muestran signos de un mayor deterioro económico.

En México, desde luego, no existen condiciones objetivas, es decir, materiales para un golpe de Estado de corte militar.

La pandemia de covid-19 no debió sorprendernos, pero nos sorprendió. Encontró, salvo unas cuantas excepciones, una sociedad humana sin capacidad médica y hospitalaria para atender eficazmente la emergencia. Y, consecuentemente, ha sido muy alta la cuota de vidas sacrificadas.

Un provisional balance en México de la pandemia de Covid-19 nos indica que no colapsaron los servicios hospitalarios. Ni tampoco fueron rebasadas las funerarias, los crematorios o los cementerios.

Estados Unidos tiene una población de 330 millones de personas. México tiene 125 millones de habitantes.

En el ejercicio de su profesión el periodista muy pronto aprende que los periódicos no son ni deben ser espacios para tratar asuntos personales. Esta es la regla y a su mandato debe uno atenerse. Pero hay ocasiones en que el periodista se siente moralmente obligado a violar la norma. Así me pasa a mí ahora ante la desaparición física de Julio Camelo Martínez, el amigo noble y generoso que fue para mí como un hermano a lo largo de más de treinta años.