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Miguel Angel Ferrer
Miguel Angel Ferrer

Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.

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En unas declaraciones absurdas, increíbles y claramente demenciales, el secretario estadounidense de Estado, Mike Pompeo, acusó al gobierno de Cuba de obligar a los médicos cubanos en misiones de auxilio en diversos países a prestar esos esenciales servicios humanitarios en malas condiciones de trabajo.

De dónde sacan entonces los detractores de López Obrador los malos augurios económicos. Hablan de focos amarillos, de indicios de recesión, de recesión técnica. Pero los datos económicos duros contradicen esas opiniones sin duda interesadas y sin bases objetivas.

El pasado viernes 9 de agosto se cumplieron 74 años del bombardeo atómico de Nagasaki. Tres días antes Hiroshima había sido arrasada por otra bomba nuclear. Entre ambas ciudades perecieron más de 150 mil civiles. Los ataques fueron ordenados por el presidente Harry S. Truman, del Partido Demócrata.

Entre las múltiples razones del arrollador triunfo de López Obrador, quizá la de mayor peso fue el hartazgo en vastos sectores sociales con la desmedida corrupción de los gobiernos neoliberales.

Por más esfuerzos que se hagan para encontrar en los medios de comunicación datos duros que prefiguren una próxima crisis económica en México, la tarea resulta infructuosa.

Durante décadas las crisis económicas en México se han materializado en una abrupta devaluación del peso, es decir, en un súbito y significativo encarecimiento del dólar estadounidense.

“Nadie puede gastar más de lo que gana” reza la sabia sentencia económica. O, dicho con otras palabras, el ingreso total de una persona es el límite de su egreso total.

En menos de 72 horas empezó a desinflarse el motín protagonizado por algunos (pocos o muchos) miembros de la Policía Federal.

Luego de la inmensa proeza consumada por López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) el domingo 1 de julio de 2018 era absolutamente esperable una respuesta del viejo régimen pripanista en defensa de los inmensos, inmorales, ilegales e injustificables privilegios de los que los personeros de ese podrido régimen habían disfrutado desde 1940, pero fundamentalmente a partir de 1982, con la instauración de las políticas privatizadoras de los bienes de la nación.

A pesar de los muchos recursos invertidos, los personeros del viejo régimen no han logrado arrastrar tras de sí a sectores o representantes significativos de la población. Ni sindicatos obreros ni organizaciones campesinas, estudiantiles o profesionales se han hecho eco de las críticas y descalificaciones antigubernamentales.