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Espín y otras colaboradoras de la Revolución escondían documentos y armas entre sus ropas para apoyar al movimiento clandestino contra la dictadura de Batista.

Espín y otras colaboradoras de la Revolución escondían documentos y armas entre sus ropas para apoyar al movimiento clandestino contra la dictadura de Batista. | Foto: Granma

Publicado 18 junio 2020


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La trayectoria revolucionaria y de lucha por el empoderamiento de las mujeres ocupa la mayoría de los textos publicados sobre Vilma Espín.

A 13 años de su desaparición física, la vigencia y legado de Vilma Espín continúan vigentes en la juventud cubana.

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A raíz de su muerte, el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, recordó que el ejemplo de Vilma Espín seguía siendo necesario.
 
“Consagró toda su vida a luchar por la mujer cuando en Cuba la mayoría de ellas era discriminada como ser humano al igual que en el resto del mundo, con honrosas excepciones revolucionarias” expresó Fidel Castro.

Vilma Espín falleció el 18 de junio de 2007 en La Habana y sus restos descansan en el Mausoleo del Segundo Frente Oriental Frank País, lugar histórico ubicado en la montaña de Mícara, en la zona oriental de la nación caribeña.

La trayectoria revolucionaria y de lucha por el empoderamiento de las mujeres ocupa la mayoría de los textos publicados sobre Vilma Espín. Sin embargo, también es importante conocer de otras dimensiones de su vida.

La otra Vilma

El árbol genealógico de esta mujer tiene una particularidad que, quizás, vaticinaba el futuro. Entre sus antepasados se encuentra el yerno de Carlos Marx y fundador del Partido Comunista Francés, Paul Lafargue.

Asimismo, entre sus maestros de séptimo grado resalta el hijo de uno de los mambises que había sido ayudante de Antonio Maceo. Maceo, fue uno de los grandes luchadores por la libertad de Cuba y  participó en las dos grandes guerras que vivió el país en el siglo XIX para liberarse de España.

Empoderó y era empoderada. Espín fue una de las pocas mujeres que consiguió graduarse como Ingeniera Química el 1 de julio de 1954 en la Universidad de Oriente, al este de Cuba.

Luego hizo un posgrado en el Instituto Tecnológico de Massachussets, en Boston, para regresar a combatir en la clandestinidad contra la dictadura.

 

Pronto se convirtió en una de las personas más buscadas de su natal Santiago de Cuba. En una de las persecuciones de los soldados salió corriendo y saltó entre un techo y otro. Dicen que una de las vecinas la vio a contraluz, como una aparición divina y, de rodillas comenzó a gritar: “¡Milagro, milagro!”.

En el Ejército Rebelde, internada en la Sierra Maestra, cumplió misiones militares y participó en el proyecto educacional desarrollado allí.

En medio de los combates alfabetizaba a soldados y campesinos de las regiones liberadas e impartía orientación ideológica.

Tras el triunfo de la Revolución, se encontró con una Cuba desigual, machista. Tocaba al naciente proceso lograr una patria como aspiraba el héroe nacional, “con todos y para el bien de todos”, tarea en la que Vilma desempeñó una labor fundamental.

Asumió la batalla por incorporar a las mujeres al trabajo y proporcionarles un protagonismo social y laboral en el país.

Se destinaron puestos preferentes para ellas y con las nuevas políticas en la educación y la salud, se abrieron otras opciones para el sector femenino, aparte de cursos de capacitación para que tuvieran acceso a empleos no tradicionales, antaño solo reservados a los hombres.

Otro de los resultados de la batalla fue la creación de los círculos infantiles, idea ya esbozada en el acto constitutivo de la FMC. Se trata de centros para niños de edad preescolar donde reciben atención de profesionales para que sus familiares puedan trabajar.

Aunque partió físicamente en junio de 2007, la impronta de Vilma Espín resuena en toda Cuba. En casi cualquier rincón puede verse el resultado de su obra y será, hoy y siempre, presidenta de honor de la Federación de Mujeres Cubanas.


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